Entrevista a la traductora Cruz Losada

27.08.2012 22:22

"Yo parí, con perdón, en un hospital que sale en el 'Ulises' de Joyce"

Juan Manuel Serrera le dirigió la tesina y la bautizó 'Marigárgola'. Vio la ciudad desde los tejados catedralicios, vista de diablo cojuelo. Vivió en Alcalá del Río y cuando vino la Expo se fue a Irlanda.

Francisco Correal, sevilla | Actualizado 25.08.2012 - 19:37
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Cruz Losada, junto al Peto das Ánimas de Ponteareas (Pontevedra), donde reside.

 

POCAS personas han subido tantas veces a la Catedral de Sevilla para estudiar las gárgolas, a las que dedicó su tesina. Cruz Losada (Lugo, 1961) hizo la carrera de Historia en Sevilla, fue madre en Irlanda y ha vuelto a su Galicia natal.

-¿Qué le trajo a Sevilla?

-Nos fuimos a Madrid por mi padre y a Sevilla por mi madre, Cruz como yo. Ella era maestra de escuela y estaba en un pueblo de Guadalajara. Todos los días pasaba por las Tetas de Viana que salen en el Viaje a la Alcarria de Cela. Pidió destino en Sevilla o Granada y le tocó Alcalá del Río.

-La Ilipa romana. ¿Eso condicionó su vocación de historiadora?

-Yo quería ser periodista, como mi padre, pero en COU, que lo hice en Madrid, el profesor Jaime Contreras, que ha escrito mucho sobre brujas, me convenció de que hiciera Historia.

-¿Estudió en la Fábrica de Tabacos?

-No había sitio y el primer año nos mandaron a Empresariales. Ese curso tuvo a los mejores profesores. Enrique Vallespín, de Prehistoria y Arqueología, que pasaba de los neandertales a la Filosofía moderna, o Miguel Benítez, que se pasó todo el año hablándonos de los averroístas. En tercero tuve a Carlos Álvarez-Santaló. Por las tardes nos íbamos a las clases de Valdivieso.

-¿Cómo surge su afición a las gárgolas?

-En una visita a Santiago con un amigo. Descubrí que había muy poca documentación. Las más conocidas en Sevilla no son medievales, sino renacentistas.

-Series como Juego de Tronos han puesto de moda esa iconografía...

-Reproducen monstruos, dragones, bichos deformes. Es un concepto muy moderno de diseño, porque su uso es muy funcional, caños para que el agua salga fuera sin tocar la pared.

-¿Cuáles son sus favoritas?

-Documenté todas las de la Catedral. Hay una impresionante en la iglesia del convento de Santa Paula y me gustan mucho las de la torre de don Fadrique. Las más bonitas, en mi opinión, son las del hospital de las Cinco Llagas.

-Ahora es la sede del Parlamento de Andalucía donde se reúne la comisión de los ERE...

-Imagino que ese agua no corre por gárgolas, sino por cloacas.

-¿Le marcó aquel estudio?

-Juan Manuel Serrera dirigió la tesina y me decía Marigárgola. Del jurado recuerdo a Alfredo J. Morales y a Antonio Manglis.

-¿No fue motivo suficiente para quedarse en Sevilla?

-Pasé dos inviernos en Sevilla antes de la Expo. Fui a Málaga a ver a una compañera de carrera, Marta Odriozola, y conocí a un irlandés que tenía un barco. Me fui con él y estuve navegando.

-¿Cómo pasa de la Historia a la traducción?

-Mi padre había trabajado en doblaje. Recuerdo el primer trabajo. Fue después de una noche de Feria en la que estuve trabajando con un fotógrafo chileno, Julio Donoso, sobrino del escritor, haciendo un reportaje con unas modelos. A la mañana siguiente tuve la entrevista de trabajo. Estuve un tiempo entre Sevilla, Vigo e Inglaterra. Traducía cosas para televisión, desde una serie del Oeste que presentaba Ronald Reagan a otra que hacía en la BBC Rowan Atkinson, Mr. Bean, con una voz muy shakesperiana que se la cargaban al pasarla al gallego.

-¿Se hizo irlandesa consorte?

-Pero con otro irlandés, Nigel, el padre de mi hija Robin. Yo parí, con perdón, en un hospital maravilloso de Dublín que sale en el Ulises de Joyce.

-¿Qué hacía en Dublín?

-Pasé 13 años. Microsoft montó allí su oficina central para Europa y detrás fueron todas las compañías informáticas. Empecé a traducir cosas de hardware, de software, manuales de IBM.

-¿Añoraba a Cela o Cunqueiro?

-Cuando empecé quería dedicarme a la traducción literaria, pero antes de traducir a alguien prefiero escribir para mí. La traducción técnica no me molesta. Lo que me ha gustado siempre es conocer chuminadas. Trabajé en Sheffield, una ciudad muy industrial, y me hice una experta en fundiciones y altos hornos.

-¿Y sus compatriotas?

-Por cuestiones económicas, leo más en inglés que en castellano. En Irlanda me suscribí al Círculo de Lectores y en el Instituto Cervantes leí todo lo que había de Javier Marías, mi escritor favorito.

-¿Volverá a Sevilla?

-Es curioso. Nos vinimos mis padres y los tres hermanos y ninguno se quedó en Sevilla. Mi hermana se casó con un chico de Pontevedra, mi hermano se volvió a Galicia con mis padres y se casó con una chica de Vigo y yo, bueno, mi hija quiere vivir en Sevilla, pero nos fuimos a Galicia, primero a Porriño y ahora a Ponteareas.

-¿Están tristes las gárgolas de que solo llueva en Semana Santa en Sevilla?

-Una vez nos cayó el diluvio y nos pusimos debajo a ver caer el agua, aunque nos empapamos.

-¿Aprendió sevillanas?

-No nací para eso.

-¿Una leyenda de gárgolas?

-Que hay gente en Sevilla que las confunde con las quimeras. Sevilla no tiene quimeras, que son las que se ven en Nôtre Dame. Las estudió Viollet-le-Duc y la más famosa es la de ese diablo melancólico apoyado mirando la ciudad.